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lunes, 15 de febrero de 2016
Decálogo de incendios forestales (Pau Costa Foundation)
Documento base elaborado por la Pau Costa Foundation acerca de los incendios forestales en España. Diversidad de enfoques y un mismo objetivo.
viernes, 9 de octubre de 2015
COPERNICUS: Cartografía del incendio de Sierra de Gata
Cartografía del incendio de Sierra de Gata en Copernicus
COPERNICUS es un programa de la UE destinado a desarrollar servicios de información europeos basados en observación de la Tierra por satélite y datos in situ (no espaciales).
Copérnico es implementado por la Comisión Europea (CE) con el apoyo de la Agencia Espacial Europea (ESA) para el componente espacial y la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEE).
El objetivo de Copérnico es monitorear y pronosticar el estado del medio ambiente en la tierra, el mar y en la atmósfera, con el fin de apoyar la mitigación del cambio climático y de adaptación de estrategias, la gestión eficaz de las situaciones de emergencia y la mejora de la seguridad de todos los ciudadanos.
El Servicio Cartográfico en caso de Emergencia de Copernicus GIO (GIO EMS-Mapping) proporciona información geoespacial precisa y actualizada a todos los actores involucrados en la gestión de desastres, en situaciones de emergencia inducidas por el hombre y en crisis humanitarias. Dicha información se deduce a partir de sistemas de tele-detección por satélite y se complementa con fuentes de datos disponibles in-situ o de acceso público. El mecanismo está financiado por la Comisión Europea.
EMSR132: incendio de Sierra de Gata.
EMSR132 es el nombre codificado el incendio del verano en Sierra de Gata. A través de Copernicus puede accederse a información detallada del incendio. De manera gratuita se ofrecen imágenes con diversa escala y formato (desde pdf a imágenes ráster en formatos tiff o jpg, con distintas resoluciones). También puede desacargarse la información en formato vectorial para trabajar con sistemas de información geográfica).El trabajo se desarrolla a partir de imágenes de satélite, el SPOT-6, adquirida el 11 de agosto, con una resolución de 1,5 metros por pixel y ausencia total de nubes para las salidas generales a 1:36.000 y Pleiades del 15 de agosto, con una resolución de 0,5 metros por pixel. Todas la especificaciones técnicas se detallan en la leyenda de la composición cartográfica o mapa. El resto de elementos cartográficos (elevaciones, carreteras, núcleos, procede de distintas fuentes de referencia que se detallan (data sources) en la cartela de los mapas.
Los mapas, o productos cartográficos presentados, son:
-A escala 1:36.000:
-una imagen global del ámbito del incendio (delineation map)
-una imagen global del grado de afección o severidad del incendio (grading map).
A escala 1:10.000:
Recortes del área general presentados en 3 zonas identificando tanto el ámbito del incendio como el grado de afección:
-Acebo norte, Acebo centro, Hoyos y Hoyos sur.
Toda la información es pública y de acceso libre pinchando aquí.
Salida cartográfica proporcionada
por Copernicus. Area del incendio.
Area del incendio (con la información vectorial
facilitada desde Copernicus).
viernes, 2 de octubre de 2015
Cuando el bosque se quema...Algunos datos sobre grandes incendios en Sierra de Gata.
Este verano ha sido negro pero por desgracia no ha sido el primer gran incendio en sierra de Gata. Una buena fuente, la más autorizada, para conocer los datos relacionadas con los incendios es sección de Estadística de Incendios Forestales de la web del MAGRAMA.
Están disponibles las memorias anuales correspondientes al periodo entre 1968 y 2011, aparte de informes-resumen por decenios.
Textualmente:
La última memoria disponible es la correspondiente a 2012.
A vuela pluma, a cuenta de Sierra de Gata podemos citar algunos datos extraídos de esas memorias escritas y que forman parte también de la memoria colectiva de la Sierra, de su "caja negra" estival. Especialmente negro el verano de 1991, con un total de 13.937 hectáreas totales quemadas, repartidas entre Cilleros (3.087), Gata (2.100), Villanueva de La Sierra (680) y Valle del Arrago-Torrecilla (todo un hito que perdura en la memoria ambiental gateña y especialmente entre los habitantes de Robledillo, Descargamaría, Cadalso, Hernán Pérez y Torrecilla: 7.320 hectáreas). Un verano negro sin paliativos.
En 1998 de nuevo arderían 820 hectáreas en Descargamaría, y en 2002 ardieron 2.159 has en Torrecilla. En 2003 Acebo y Hoyos registraron otro gran incendio con 2.360 hectáreas. Algunos detalles del mismo, con el toque de campanas a fuego y la movilización del pueblo de Hoyos haciendo una cadena a base de cubos de agua, se reflejan en la película documental de Montxo Armendáriz "Escenario móvil", de 2004. También se hace eco de las 9.076 hectáreas que ardieron en las vecinas Hurdes ese año y a las que no se podía dejar de mirar de reojo por si cambiaba el aire.
El remate de ese verano en extremadura fueron las 13.692 hectáreas del incendio de Valencia de Alcántara. Sin duda fue un "annus horribilis".
sábado, 26 de septiembre de 2015
El verano que no queríamos (Informe Greenpeace julio 2015)
Informe de Greenpeace, julio 2015:
el verano que no queremos que ocurra.
Era todo un deseo, pero no se cumplió. A pesar de todo no está de más el el debate de ideas y los análisis, y por desgracia, cada año se aportan más contenidos para seguir contrastatando las informaciones y los análisis estadísticos. Apenas cambia el componente geográfico, algún nombre nuevo de localidad o comarca que pasa a la "lista negra", pero en general se dispone ya de muchas claves sobre lo que está pasando.
A modo de ejemplo ponemos este extracto del informe (pagina 9):
"Con el éxodo rural se ha producido también el fin de muchos
aprovechamientos agrícolas y forestales, actividades que han
gestionado durante siglos la biomasa de los ecosistemas forestales.
Territorios que tras la posguerra española eran utilizados para
la agricultura, el pastoreo, la extracción de leñas o el carboneo,
con escasa regeneración del arbolado, hoy son progresivamente
ocupados por matorral y regeneración natural del arbolado. A lo que
habría que sumar los 3 millones de hectáreas repobladas, gran parte
de ellas monoespecíficas y sin tratamientos silvícolas, lo que las
hace muy inestables y vulnerables al fuego. En gran parte de estos
territorios se ha cambiado el uso productivo por otros usos de tipo
lúdico (caza, recogida de setas y hongos, senderismo, etc).
Más de cincuenta años después, no solo la superficie de matorral y
arbolada ha aumentado, sino que una parte importante de estas masas
forman un continuo forestal de masas densas y con gran cantidad de
biomasa, algo que desde el punto de vista del riesgo de incendios las
hace extremadamente vulnerables."
Informe WWF sobre grandes incendios en España
Informe WWF sobre incendios forestales 2015 en España:
"bosques listos para arder"
Grandes incendios en España
Por desgracia, el fenómeno de los denominados grandes incendios forestales no es nuevo. Aunque este año en Sierra de Gata se haya vivido con más crudeza y riesgo para la población, no se trata de un hecho que hasta ahora no se hubiera vivido. Desde Valverde a Robledillo, parando por el Puerto de Perales, cabría referir varios veranos "negros". La casuística y las condidiciones de nuestro entorno se dan en otros ámbitos del país, como Zonas de Alto Riesgo (ZAR), por lo que las visiones de conjunto y las propuestas que se indican pueden ser buenas referencias.
Mapa WWF de los incendios 2015
MAPA DE LOS INCENDIOS 2015
Dado que los calores se mantienen irrumpiendo en el otoño, hasta que aparezcan las lluvias cabe el riesgo de que este mapa quede desfasado. Entretanto muestra la distribución de los grandes incendios ocurridos en España, incluyendo el que ha llevado a Sierra de Gata a los informativos este verano.
Enlace a la página WWF sobre incendios forestales
domingo, 6 de septiembre de 2015
Sierra de Gata: paisaje después del fuego
Sierra de Gata: paisaje después del fuego.
José Antonio
Mateos Martín.
A raíz de lo
ocurrido en Sierra de Gata parece oportuno, y ya con cierta serenidad ante el
espanto de los primeros momentos, propiciar la reflexión. Parece que así está
actuando la Administración, con reuniones diversas, e incluso en el ámbito
comarcal se han creado plataformas de afectados, de solidaridad con los
afectados y también de reflexión sobre el modelo y futuro de la comarca..
No por habitual
deja de ser normal que, sobre todo en verano, la Sierra salte a los medios por
algún gran incendio. Parece que el verano siempre nos reserva alguna portada de
periódico, titulares y artículos de opinión. Raro es el estío en que esto no
ocurre. Desgraciadamente este año hemos sido incluso portada de noticiarios
televisivos a causa del gran incendio que asoló, fundamentalmente Acebo, Hoyos
y Perales, con pequeñas incursiones en otros términos municipales. Se puede
hablar de un incendio de dimensiones comarcales, no tanto por la superficie
respecto al total comarcal pero sí por haber alcanzado un eje medular de
elementos muy representativos del patrimonio gateño (los propios cascos urbanos
de Acebo, Hoyos y Perales, el entorno de Jálama y Cervigona, las piscinas
naturales de Acebo, Hoyos y Perales, entre otros). Intencionadamente estamos
rehuyendo la etiqueta de forestal. A la vista de lo ocurrido este año, ya no es
que ardan masas forestales o estrictamente “terreno forestal” (no
necesariamente superficie arbolada) porque la impresión es que, en sentido
amplio, se quemaba “el campo” y casi los pueblos: el conjunto del medio rural.
Se quema “el campo”, los espacios de cultivos
tradicionales ubicados en el minifundio parcelario del entorno de los pueblos,
el terrazgo ocupado por huertos, viñas, olivares, cercados y tapados. Un
terrazgo que a medida que nos alejamos de los pueblos ha derivado casi en
bosque en la medida en que ese terrazgo ha sido abandonado (por pérdida de
población, por edad del agricultor, por dificultades de acceso, por escasa
rentabilidad) y de nuevo es recuperado por los árboles, matorrales y zarzales a
expensas de los cuales en su día se abrió el espacio de cultivo o claro para el
pastoreo. Una arboleda que tampoco es objeto ya de la tradicional extracción de
leñas, material de construcción o forrajeo, por lo que se acumula un
combustible potencial.
En paralelo, se
desdibujan y desaparece la trama de elementos que articulaba ese campo, desde
caminos y veredas a paredes, muros, poyos y bancales, elementos que por la propia
intemperie climática, sobre todo las aguas, la falta de mantenimiento y la
recolonización silvestre se deterioran e inutilizan, más o menos mimetizados en
el entorno.
Se quema “el campo”, incluyendo los antiguos
pastaderos leñosos de los terrenos más serranos, manejados antaño como baldíos
y comunales abiertos, dominios de bardales, escobonales y brezales, que por
falta de aprovechamiento ganadero y descuaje se han convertido en espesas masas
de escobones, brezos, jaras y carquesas, actual dominio de abejas y jabalíes.
Y casi siempre
se han quemado, en el sentido de incendio forestal más común, las dilatadas
superficies de terrenos serranos que fueron objeto de repoblación forestal
mediante pinos, y los espacios recolonizados por la dispersión del pinar, y los
pinares ya maduros y vueltos a quemar, y los densos pinares menudos fruto del
banco de semillas del suelo, en ocasiones hasta que el regenerado de semilla
desaparecía. Estos si han sido, por desgracia, los incendios que, por la
continuidad de las masas y pese a la maraña de pistas y cortafuegos, han tenido
marchamo de forestal según su definición legal (bosques, matorrales, riberas y
pastizales), aunque en el caso que nos ocupa no se trata del componente
fundamental.
En definitiva,
por diversos factores, el medio serrano es frágil y vulnerable ante el fuego
por sus condiciones “estructurales” (relieve, pendientes, cobertura vegetal), aún
más en años climáticamente tan secos como éste y con perspectiva de incrementarse
esa fragilidad en el horizonte de irregularidad climática en que nos movemos.
En todo caso estos no son los factores desencadenantes del fuego. Desde el más
puro ejercicio de especulación sobre las causas, descartadas las naturales, no
acierto a vislumbrar más que nos adentraríamos en el complejo mundo de la mente
humana, a medio camino entre conflictos de intereses poco explícitos a primera
vista y puede que puras patologías para estudio psiquiátrico. Aquí hay tema de
estudio.
En suma, el
abandono y decaimiento del mundo rural en general, en paralelo a la masividad
de coberturas vegetales en recuperación, generan condiciones proclives a la
dificultad de controlar los incendios.
Unas condiciones
de fragilidad sobre las que desde hace unos años se ha construido el incipiente
desarrollo turístico de la comarca, donde se exhibe el verde y el agua, pero
sin que pueda olvidarse que bajo esa abundancia de verde en el paisaje de
nuestras sierras se esconde un medio rural en transición como contexto que
podía virar del verde al negro de manera brusca y catastrófica.
Unas condiciones
de fragilidad del medio rural serrano sobre el que se superpone a veces la
mirada conservacionista, inspirada en estándares europeos y que consagra un
modelo de “medio ambiente”, una foto fija de estado del medio que parece olvidar
que ese medio es una deriva natural por abandono de la gestión tradicional en
desuso (no siempre respetuosa, puntualmente incluso abusiva). Es la política de
protección del medio que llevada al extremo, a veces mal explicada y otras mal
entendida, se traduce, grosso modo,
en que no se puede tocar nada de lo que hasta ahora era objeto de manejo y
gestión. Para (casi) todo hace falta informe, permiso o supervisión
administrativa, no siempre ágil. Ante ello se genera incomprensión o abierto rechazo,
especialmente cuando paradójicamente ni la propia Administración respeta pautas
ambientales o las integra en sus políticas de manera real, sin generar agravios
comparativos (exigiendo a los ciudadanos lo que la Administración elude). El
ejemplo más reciente es la pista de Las Jañonas, verdadera “carretera de
montaña” a ninguna parte, realizada por los Servicios Forestales.
Al hilo de todo
lo expuesto, e intentando hacer una lectura de revisión del modelo desarrollado
hasta ahora, el incendio de Sierra de Gata saca a relucir las múltiples
dimensiones subyacentes bajo lo que en suma simplificamos como el último
gran incendio forestal en la Sierra
Las cuestiones
que se suscitan no son sólo de índole forestal sino que necesitamos revisar un
modelo de desarrollo rural donde no cabe hablar sólo o parcialmente de política
forestal a base de pistas, cortafuegos y acopios de agua a pie de pista. Donde
ha pasado a primer plano de manera dramática la afección directa del fuego a los
cascos urbanos, si bien existe una legislación autonómica de lucha y prevención
contra incendios muy detallada en recursos, planes, memorias y medidas al
servicio de la prevención efectiva del riesgo de incendios, especialmente en
zonas de alto riesgo, como ocurre en todo el ámbito de Sierra de Gata, y también
en el entorno de los cascos urbanos a través de la figura de los planes
periurbanos, que son competencia de las autoridades locales.
De la mano de la
mano de la planificación forestal, de la lucha contra el fuego y la prevención
del riesgo de incendios debe ir la ordenación urbanística y territorial, que es
la que dibuja el contorno de interrelación de lo urbano con el terreno que le
rodea, sin descuidar la vulnerabilidad de la implantación de nuevas construcciones
en suelo rústico, bien de segunda residencia, bien de localizaciones vinculadas
a turismo rural así como los espacios de tipo recreativo en el medio natural,
como las piscinas naturales.
Otras claves de
lectura se inscriben en el contexto puramente económico. No es raro que el
cultivo tradicional se abandone por parte de quien no ve en ellos expectativas
económicas claras, como ocurre con el olivar y el viñedo, los cultivos de mayor
difusión. Donde los nuevos usos del territorio no pasan de ser simbólicos
granos de arena, puramente testimoniales y en la medida en que tiene mucho peso
en el sector turístico, con la fragilidad inherente al contexto en que se
inscriben. Tal vez con escasa significación habida cuenta de la dilatada
trayectoria que lleva la comarca trabajando en clave de desarrollo y
diversificación del medio rural desde los programas LEADER. Donde, dada su
amplia superficie, los terrenos forestales de administración pública se
gestionen de manera que los pueblos perciban que el monte también es suyo y les
genera riqueza no sólo cuando se quema y se vende la madera, como ocurre con
las recientes experiencias de resinación.
Desde luego, las
políticas de valoración del medio natural no pueden ser sólo cartelería, folletos
turísticos y senderos, sino que en medios rurales tan “naturales” deben acompañarse
con unas medidas de gestión que consideren que no hay rincón de la sierra que
sea virgen sino que la mano del serrano está detrás de la mayor parte del
paisaje que percibimos. Y que las prácticas agroforestales no pueden perder
nunca el trasfondo de selvicultura preventiva, incorporando facilidades y
pautas de gestión que integren también claves ambientales y de mejora del
paisaje y su valoración como recurso. A ello debe contribuir el contar con una
malla vertebradora apoyada en los caminos públicos, como accesos al territorio dimensionados
según las características del mismo, diseñados para su puesta en valor y como
red de defensa, no sólo como soporte de redes de itinerarios y, desde luego, no
sólo como mera contrata de obra pública para mover maquinaria y cuadrar
presupuestos de inversión.
No debemos
perder de vista que los espacios serranos que constituyen los telones de fondo
de nuestro escenario comarcal, además de los valores ambientales y
referenciales para el imaginario serrano, son algo más. Su gestión no debe olvidar
su condición de límite administrativo, para unificar criterios de gestión, pero
tal vez lo más significativo sea que estos ámbitos serranos son la esponja que
atrapa el imprescindible recurso agua, por lo que su gestión debe ser siempre
orientada por criterios protectores más que especulativos.
Por tanto, es
necesario un enfoque del territorio que parta de una visión patrimonial e
integradora del propio territorio por su interrelación de factores naturales y
culturales. Porque Sierra de Gata es un medio eminentemente rural y muy
humanizado, cuyo paisaje sintetiza la diversidad de respuestas naturales y se
funde con la herencia en forma de patrones de un modelo de gestión tradicional
en decaimiento y apuntes de nuevas miradas. En definitiva, donde el medio
natural tiene mucho de medio social y cultural. Esta es su riqueza y su
fragilidad.
Publicado en : Sierra de Gata Digital
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